Cuando no leo no como
Hay semanas, en las que los días son horas, y las horas son granitos de arena de playa del Báltico, que se escurren entre los dedos de la mano. Semanas en que apenas tenemos tiempo para decir buenos días, cuando resulta que ya estamos diciendo buen fin de semana. Semanas tobogán que transcurren como un tobogán, donde todo es aquí y ahora del prefabricado. Absolutamente identificados con nuestro presente.
En semanas así, transcurren los días con apenas más lectura que los correos, los documentos de trabajo, las facturas y los números del teléfono. Reconocemos el colapso, porque nos empezamos a marear, y tenemo hambre. La lectura es el alimento de la mente. Alimente o no alimente el cuerpo.
Es momento de parar un poco y leer. No vaya a ser que nos quedemos anclados en el día de la marmota.


